Publicación Julio 2008/El rincón de Pepe Buenahora/ Lapsus Cálami
La importancia de saber deletrear las palabras

albert_einstein

Por: Jorge Peinado Zapateiro

El considerable número de mensajes con el que algunos amigos y amigas atiborran nuestro buzón electrónico ha obligado a que el autor de este espacio implemente su propio sistema de lectura rápida, con el cual no sólo se hace una pronta idea del mensaje, sino que también le ha servido para aprender a deletrear correctamente las palabras, algo que en algún momento dado nos va a servir de mucho.

Si una persona normal dedicara parte de su tiempo a leer las decenas de mensajes de reflexión, religiosos y de humor que llegan a diario, serían muchas las horas que necesitaría para ello.

Por mi parte, aprendí a abarcar con un solo golpe de vista toda la pantalla, llevando a cabo la siguiente práctica: con la ceja izquierda levantada, poso la vista de ese ojo en la primera letra del mensaje, y la del ojo derecho la dirijo hacia la última letra. Esta operación la realizo mientras hago pasar rápidamente la pantalla, lo que me permite hacerme una idea del texto, ritual que tarda unos cuantos segundos, al final de los cuales el mensaje pasa a ser eliminado.

Pero estos pequeños ratos de relax, a los que dedico unos minutos todos los lunes antes de comenzar la jornada semanal, me han permitido hallar algunos apuntes que no pasan inadvertidos.

Uno de ellos llegó hace algunos días y narra la historia de una mujer que, al morir, va directamente al cielo, donde encuentra un sitio pleno de paz y armonía. Al buscar la puerta de ingreso, san Pedro le franquea la entrada, por lo que la mujer le pregunta qué debe hacer para poder ingresar. El santo le dice que es algo muy sencillo: “Sólo debes deletrear una palabra. Si lo haces bien, te has ganado la entrada”. La mujer pregunta: “¿Cuál es esa palabra?”. Y san Pedro responde: “Amor”. La mujer, presurosa, se atreve en su respuesta: “A - EME - O - ERE”, ¡y se gana el paraíso!

Algunos años después, al encontrarse san Pedro ocupado, le pidió a la mujer que se encargara de la puerta durante algún tiempo. Y cuál no sería su sorpresa cuando vio que su esposo terrenal merodeaba afuera del paraíso. Al acercarse, éste le relató la buena fortuna que había tenido desde que ella murió y le pormenorizó algunos detalles de su nueva vida, con quién se volvió a casar, adónde viajó, qué casa compró, etcétera. Finalmente, le contó acerca de un viaje a Europa donde, esquiando con su nueva mujer, sufrió un accidente que lo trajo a este lugar.

La mujer escuchó pacientemente toda la narración hasta que el hombre, intrigado, preguntó por la forma de entrar a un lugar tan apacible como en el que se encontraban. Ella repitió las mismas palabras que tiempo atrás le había dicho san Pedro: “Para entrar sólo tienes que deletrear bien una palabra”. Su ex marido, ansioso, preguntó: “¿Cuál es esa palabra?”, ante lo cual la mujer respondió con perfecta pronunciación: “Schwarzenegger”.

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