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Publicación Agosto 2008/Invitado/ Tres crisis amenazan al mundo

Por:
Margaret Chan
Directora General de la OMS

En un desalentador informe, la directora general de la Organización Mundial de la Salud afirma que el planeta está convulsionado ahora por nuevos sucesos: la seguridad alimentaria, que se creía en proceso de superación, el recalentamiento del planeta y la gripe pandémica. Y señala que aunque se han logrado avances en la lucha contra el sida, sólo en 2007 se presentaron 2,5 millones de nuevos casos, con lo cual la mortal infección alcanza a más de 33 millones de personas.

Margaret Chan

En el horizonte asoman tres crisis mundiales que amenazan la seguridad internacional. Dos escapan al control directo del sector de la salud, pero en las tres la salud humana soportará la mayor parte de los efectos. La primera de ellas es la seguridad alimentaria. Según los expertos, la crisis es el resultado de la infortunada confluencia de varios factores en ese horizonte borrascoso, pues se producen alimentos suficientes para alimentar a la población mundial, pero demasiadas personas están sobrealimentadas.

No obstante, nos enfrentamos repentinamente a una vertiginosa subida de los precios de los alimentos que afecta sobre todo a los pobres y también a sus gobiernos. Personalmente, no abrigo ilusiones. La crisis ha llegado bruscamente, pero sus causas son complejas y su evolución ha sido prolongada, con consecuencias que seguirán afectándonos durante algún tiempo.

Una buena nutrición sienta las bases de la salud durante toda la vida. En el mundo se registran cerca de 3,5 millones de muertes anuales por desnutrición. Las familias pobres gastan en alimentos, en promedio, entre el 50% y el 75% de sus ingresos disponibles. Más dinero invertido en alimentos significa menos dinero disponible para la atención de salud, especialmente para muchos millones de familias pobres que deben efectuar pagos directos cuando se enferman.

El sistema de las Naciones Unidas ha respondido rápidamente. La OMS forma parte de un grupo de estudio de alto nivel sobre la crisis mundial de la seguridad alimentaria presidido por el Secretario General. Para orientar las medidas prioritarias, la OMS ha identificado 21 zonas críticas del mundo que ya están presentando altos niveles de desnutrición aguda y crónica.

LA SEGUNDA CRISIS

La segunda crisis mundial es la del cambio climático. Durante todo este siglo, el recalentamiento del planeta será gradual, pero los efectos de los fenómenos meteorológicos extremos serán abruptos y se sentirán de manera aguda. Una vez más los pobres serán los primeros y los más afectados. El cambio climático está tensionando algunas zonas que se encuentran ya en una precaria situación, con medios de vida mínimos y escasas posibilidades de supervivencia en caso de catástrofe.

Las consecuencias son obvias: más sequías, inundaciones y tormentas tropicales conllevan una mayor demanda de ayuda humanitaria. Estas necesidades adicionales llegarán en un momento en que todos los países estarán en mayor o menor grado bajo los efectos del cambio climático.

La comunidad internacional también tendrá que hacer frente a un número creciente de refugiados ambientales. Si las tierras están resecas o salinizadas, si las zonas costeras y bajas se encuentran permanentemente bajo el agua, la gente sencillamente no podrá volver a su hogar. Así pues, los refugiados ambientales constituirán una nueva ola de colonos que posiblemente agravará las tensiones internacionales.

Existe un proyecto de resolución sobre el cambio climático que asigna a la OMS algunas responsabilidades muy concretas, por lo que haremos todo lo posible para satisfacer sus expectativas en esta esfera fundamental.

TERCERA CRISIS

La tercera crisis mundial que acecha en el horizonte es la gripe pandémica. La amenaza no ha desaparecido en absoluto y sería un gran error que bajáramos la guardia o relajáramos nuestras medidas de preparación. Al igual que el cambio climático, afectará a todos los países, pero de una manera más extensa y rápida.

En los actuales momentos se examinan algunos de estos temas. Afortunadamente, en esta crisis mundial el sector de la salud puede configurar directamente las políticas que rigen la preparación y la respuesta.

Considerando el potencial de protección que tienen en sus manos, es fundamental que la salud pública presente un frente unido. Les insto a que tengan en cuenta esta necesidad cuando examinen el proyecto de resolución sobre el intercambio de virus gripales y el acceso a las vacunas y otros beneficios.

Estos tres problemas fundamentales, claras amenazas a la seguridad internacional, pueden llegar a anular numerosos avances de la salud pública, que ha costado mucho conseguir. En todos los casos, los países con infraestructuras sanitarias sólidas y mecanismos eficientes para llegar a las poblaciones vulnerables son los que estarán mejor apostados para hacerles frente.

Por una parte, estos problemas podrían retrasar los avances hacia la reducción de la pobreza y el hambre y la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la salud. Por otro lado, la consecución de estos objetivos aumentaría en gran medida la capacidad mundial para hacer frente a estas amenazas internacionales.

LO QUE VIENE

Hemos alcanzado la segunda fase de la campaña mundial para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, cuyo gran reto consiste en lograr que los beneficios de la globalización se distribuyan en forma justa y uniforme. Como se afirma en la Declaración del Milenio, se trata de un llamamiento a la solidaridad mundial basada en los principios de la equidad y la justicia social, principios que reflejan el sistema de valores que captó la atención mundial cuando, hace 30 años, se firmó la Declaración de Alma-Ata.

Como saben, he hecho de la salud del pueblo africano y de las mujeres mis dos prioridades principales para evaluar la eficacia de nuestro trabajo. Y con toda la razón. Los progresos son menores en África, y más difíciles en el caso de las mujeres.

A finales del año pasado, la disponibilidad de mejores datos y métodos estadísticos permitió a la OMS y al ONUSIDA trazar la evolución de la epidemia de VIH/SIDA con mayor precisión. La incidencia de la infección llegó al máximo a finales de los años noventa, prevalencia que se ha mantenido estable desde 2001. Un dato importante es la tendencia a la disminución de las muertes por SIDA registrada en los dos últimos años.

Sobre la base de las pruebas disponibles podemos afirmar con seguridad que esta disminución de la mortalidad guarda relación con la reciente mejora espectacular del acceso a los medicamentos antirretrovirales. El grado de adecuación del acceso de las mujeres al tratamiento es al menos similar al de los hombres. A escala mundial, casi tres cuartas partes de las personas que reciben este tratamiento están en África, donde la epidemia reviste una gravedad desproporcionada.

Esto demuestra que realmente es posible introducir algo tan complejo como la terapia antirretroviral en entornos con pocos recursos. Pero aún queda mucho camino por recorrer para controlar esta epidemia devastadora e implacable. Las cifras siguen siendo abrumadoras: se estima que 33,2 millones de personas viven con el VIH y sólo en 2007 se registraron 2,5 millones de casos nuevos. Es evidente que debemos aprovechar todas las oportunidades para incrementar la prevención. Es la única manera de ganar terreno y, a la larga, tomar la delantera.

LAS OTRAS EPIDEMIAS

La tuberculosis tiene una buena estrategia de diagnóstico y tratamiento, y existen pruebas sólidas de que este enfoque funciona. Se siguen haciendo progresos, aun cuando la tasa de detección de casos ha aumentado a un ritmo más lento que en los últimos años.

Las prácticas médicas deficientes representan un problema importante, ya que contribuyen al desarrollo de la farmacorresistencia. A comienzos del presente año, la OMS publicó un informe en el que se indicaba que la tuberculosis multifarmacorresistente había alcanzado niveles sin precedentes.

Aún más preocupante es la continua aparición de casos de tuberculosis extremadamente farmacorresistente, cuyo tratamiento es prácticamente imposible. Permitir que esta forma de tuberculosis llegue a propagarse supondría un retroceso de proporciones enormes. En el caso de estos pacientes, las opciones de tratamiento disponible nos retrotraen de hecho a la era previa a la aparición de los antibióticos.

La rápida disminución de la mortalidad en diversas partes de África indica que las estrategias recomendadas permiten obtener resultados espectaculares. Este año hemos celebrado el primer día mundial del paludismo, lo cual demuestra la existencia de un compromiso mundial para hacer frente a esta enfermedad.

El año pasado, la mortalidad mundial de niños pequeños descendió por debajo de 10 millones de defunciones por primera vez en los últimos años. Un informe sobre la estrategia mundial de inmunización indica que su aplicación representa uno de los éxitos más notables en materia de salud pública.

También comprobamos las amplias repercusiones de la estrategia de Atención Integrada a las Enfermedades Prevalentes de la Infancia, que actualmente se adoptó como principal estrategia para la supervivencia del niño en más de 100 países.

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