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Publicación Agosto 2008/Educación/ EDUCACIÓN SUPERIOR

educacion

Por:
Rafael Ayala Sáenz.
rafaelayalasaenz@gmail.com

Relaciones peligrosas
Por qué no es razonable desarticular a los funcionarios administrativos de los procesos académicos, pedagógicos, investigativos y de extensión que se desarrollan en la educación superior.

Cuando hablamos de las dimensiones que componen y están llamadas a desarrollar las instituciones de educación superior, se tiende a mencionar la docencia, la investigación y la extensión como los subsistemas integradores del sistema universitario; sin embargo, cuando se trata de llevar a cabo las misiones, visiones y estrategias de cada una de estas dimensiones, nos encontramos con un eje transversal fundamental para el desarrollo de las tres anteriores, pero poco explicitado al momento de soñar la universidad que deseamos. Se nos ha olvidado involucrar en nuestros sueños la dimensión administrativa.

No existe proceso académico, pedagógico, investigativo o de extensión que no cruce por sus territorios: presupuesto, planes de desarrollo, contrataciones, convenios, soportes técnicos y tecnológicos, uso de recursos de infraestructura, pagos, evaluación de la gestión y asesorías tienen que ver con las políticas administrativas que fijan los administradores de la universidad y que realizan los funcionarios, que se convierten en los agentes o protagonistas que proponen procedimientos, hacen circular toda la información corporativa, establecen ritmos y prioridades, o ayudan o entorpecen para que la academia desarrolle su labor.

En una concepción sistémica de la universidad, ninguna dimensión debería, teóricamente, prevalecer sobre la otra. Todas son fundamentales y fundacionales, ninguna tiene mayor o menor importancia; es decir, todas tienen el mismo valor. No obstante, la dinámica del sistema recae fundamentalmente en la dimensión administrativa, que con su diligencia, eficacia, eficiencia y efectividad contribuye al desarrollo de las demás. Las concepciones y los modelos administrativos, desde este punto de vista, que se elijan o se promocionen en la institución universitaria, determinarán su modo de organizarse y, sobre todo, del operar cotidiano. Desconocer la trascendencia de lo administrativo y su relación y articulación con las otras dimensiones de la universidad le puede costar la supervivencia a una organización que no se ajuste a los altos índices de competitividad que paulatinamente el entorno nos impone.

Por los anteriores argumentos no es razonable desarticular a los funcionarios administrativos de los procesos académicos, pedagógicos, investigativos y de extensión que se desarrollan en la universidad; incluir y no excluir; invitarlos, contarles, mostrarles los resultados de las acciones individuales y conjuntas para que puedan comprender mejor los puntos de vista académicos y se pueda comprender los suyos. Este elemental ejercicio de comunicación ayudará a hacer una mejor y ágil operación, que con el tiempo nos permitirá ser ejemplo de una organización que aprende de los otros y que desea comprender y transformar el primer entorno en el que debe circular el conocimiento, así como cambiar realidades y potenciar necesidades.

La dimensión académica de la universidad es la encargada, entre otros propósitos, de seleccionar del conocimiento desarrollado por el hombre los contenidos que componen los diversos currículos ofrecidos a la comunidad por medio de programas. Estos contenidos exigen procesos de planeación, gestión y administración. Se entiende el currículo en este contexto como un sistema que permite organizar el conocimiento en contenidos y gestionar esos contenidos a partir de procesos de planeación que involucran tiempo, espacio, metodología y recursos, entre otros aspectos. Los contenidos pueden ser organizados de manera lineal o modular. Son los currículos los que predeterminan las condiciones y los perfiles de quienes van a participar en su desarrollo, es decir, tanto la institución, como el profesor y el alumno.

La dimensión pedagógica de la universidad es la encargada de definir los fundamentos conceptuales que van a justificar el desarrollo de los modelos educativos y la propuesta de didácticas que permitan el acceso, la comprensión, la apropiación y aplicación del conocimiento. Esta dimensión es la que responde el interrogante del cómo llegar a los otros con un contenido específico. La respuesta se da cuando se plantea un proceso de enseñanza-aprendizaje que contemple los objetivos, las competencias que se van a desarrollar, los roles, los proyectos, los medios y las mediaciones indispensables para lograr los propósitos del currículo.

La extensión es una función común de la universidad que a través de su desarrollo ayuda al posicionamiento local, regional y nacional. A la fecha se ha entendido como la organización de eventos, cursos y diplomados que se ofrecen a la comunidad en general a través de los medios legales que posibilitan la educación no formal e informal, para que ellas puedan acceder a un conocimiento que de otra manera quedaría restringido a quienes cursan los programas de educación formal. También se ha convertido en uno de los medios de captación de recursos de las instituciones educativas.

La labor de extensión ha querido implicar el con­cepto de proyección social, entendido éste como la gestión, la cogestión y la autogestión del conocimiento (ancestral, empírico, técnico, tecnológico, científico), para solucionar problemas concretos de las comunidades, que permitan contribuir a mejorar su calidad de vida. Las acciones propuestas por la extensión universitaria, además de cumplir con facilitar el acceso y actualización del conocimiento, debe cumplir con la misión de contribuir a la formación integral de talentos humanos a través de procesos académicos y pedagógicos que estén integrados por un proyecto que ayude a resolver un problema específico de la comunidad. Los indicadores de logros que midan el impacto social de las acciones emprendidas por la extensión universitaria deben contemplar y especificar las dimensiones académicas, pedagógicas y de extensión.

Las dimensiones académica, pedagógica y de extensión se sustentan en los fundamentos teleológicos que proponen el desarrollo integral de los individuos. Esta tarea se puede cumplir siempre y cuando los currículos contemplen clara y específicamente el desarrollo de competencias. Si las acciones propuestas desde la extensión contribuyen con el desarrollo de competencias cognitivas, comunicativas, contextuales y axiológicas, entonces se estará contribuyendo con la realización de este aspecto de la misión y visión de la universidad.

La dimensión de la investigación se puede desarrollar a partir de la implementación de un proyecto que a partir de las necesidades y expectativas de la comunidad nos permita identificar un problema para resolver. El proceso de resolución de dicho problema convoca a la academia, con los conocimientos pertinentes; a lo pedagógico, con las didácticas adecuadas, y a la extensión, que cumple su rol articulador entre la universidad y la realidad. Al final de todo este proceso, el resultado será otro nuevo conocimiento, con dimensiones académicas, pedagógicas y de interacción con las comunidades, que fue posible gracias a que hubo de entrada un interrogante que resolver. Pero no nos debemos olvidar que la investigación existe esencialmente para hallar soluciones a problemas sentidos.

Los problemas tienen dimensiones que se pueden identificar por los efectos que causan en el entorno. La tarea de solucionar un problema permite articular la investigación, la planeación, el conocimiento, la gestión y los esfuerzos de los individuos. Las soluciones a los problemas encontrados pueden plantearse a corto, mediano y largo plazo. No obstante, el obstáculo para llegar a identificar el problema esencial sin quedarse en los factores superficiales, o considerando como lo trascendental lo que es accidental, radica en la capa­cidad que se tenga para comprender la realidad. Contribuir al análisis, identificación, reflexión, en otras palabras, a la objetivización de un problema, tanto de carácter interno como externo, también debiera ser una tarea de la extensión universitaria.

Hacer una revisión de los procesos cognitivos y emocionales que intervienen en la comprensión de un hecho de la realidad, a la luz de las perspectivas contemporáneas, las cuales reconocen la necesidad de desarrollar un pensamiento complejo para entender una realidad per se compleja, nos permitirá contribuir no sólo a la cualificación de quienes proponen las acciones que se desarrollan desde la extensión universitaria, es decir, nuestros coordinadores, tutores y apoyos administrativos, sino de contribuir al desarrollo de los procesos mentales de los usuarios de nuestras acciones. Agentes, actores, todos protagonistas en el ejercicio de comprender la acción de comprender para ayudar a los otros y a sí mismos al desarrollo integral, no sólo de los individuos, sino de las comunidades.

La extensión universitaria, desde esta perspectiva, y recogiendo a manera de conclusión todos los planteamientos anteriores, se presenta como un dinámico y flexible producto interdisciplinario, con posibilidades de llegar a ser transdisciplinario, que articula e integra lo administrativo, lo académico, lo pedagógico y la investigación con un entorno diverso habitado y vivido por diversos individuos que conforman diversas comunidades, que a su vez constituyen diversas culturas que tienen que enfrentar diversidad de problemas. Ante tanta diversidad, es indudable que un sistema educativo que sea abierto, no formal o informal y que brinde la posibilidad de ser cursado a la distancia, tiene un futuro esperanzador.

En conclusión: evitar las interacciones y relaciones peligrosas requiere que todos los estamentos del sistema de una institución de educación se reconozcan como parte de un todo, donde ninguno prepondere, y que tejer su compleja interacción a su vez requiere toda una estrategia de comunicación que les permita mirarse como iguales y no como enemigos. El mejoramiento de la calidad de la educación superior depende de asumir conscientemente esta actitud.

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