Publicación Agosto 2008/Economía/
¿Llegó la hora del guayabo?
Por:
Hermógenes Ardila Durán
hermogenesardila2002@yahoo.com
Después de dos años seguidos de alto crecimiento, inflación controlada, descenso en el índice de desempleo y tasas de interés razonables, la economía empezó a desacelerarse. Y, aunque este año habrá un crecimiento positivo, hacia el futuro habrá que conjurar una serie de riesgos. Sin embargo, Gobierno, expertos y centros de estudio no tienen fórmulas coincidentes de las estrategias que se deberían adoptar. Durante la instalación de las sesiones ordinarias del Congreso, el Presidente de la República, Álvaro Uribe, dejó más preocupaciones que tranquilidad entre los analistas.
Hace un año, por esta misma época, las autoridades económicas sonreían, sacaban pecho y se referían con sarcasmo a los críticos, a quienes se les calificaba como profetas del desastre. Y no era para menos: la economía crecía a una tasa del 9,1 por ciento en los primeros cinco meses, la tasa de desempleo cedía periódicamente, la capacidad instalada de las empresas estaba copada y se hacían necesarios nuevos ensanches, el sector de la construcción –intensivo en mano de obra y demanda agregada– no tenía donde colocarle un ladrillo más y la cartera del sector bancario era sana, aunque ya se evidenciaba un exceso de crédito.
Pero este semestre pinta diferente, aunque no es para alarmarse. Lo cierto es que la economía se ha desacelerado fuertemente y los campanazos de alerta los han dado el propio Dane, la Andi, Fedesarrollo y los centros académicos como la facultad de economía de la Universidad de los Andes.
Para la muestra un botón: la encuesta de Opinión Industrial Conjunta de la Andi (EOIC), en la que participan gremios como Acicam, Acoplásticos, Andigraf, Anfalit, Camacol y la Cámara Colombiana del Libro, reveló que a mayo el crecimiento se redujo al 4,1 por ciento, frente al 9,1 por ciento del mismo periodo de 2007.
INDICADORES LÍDERES
Los indicadores que señalan para dónde va el Producto Interno Bruto –que no es otra cosa que la generación de riqueza en un periodo determinado– también se deterioraron. La demanda de energía pasó del 4,37 por ciento al 0,86 por ciento en el periodo señalado y las ventas al por menor cayeron de 7,2 a 2,38 por ciento.
“En materia de crecimiento se registran tasas más moderadas y se percibe una mayor incertidumbre”, afirmó el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios, Luis Carlos Villegas.
Y dos agravantes más: la inflación, que se ha tratado de contener mediante una política de restricción monetaria –alza en tasas de interés y aumento en los encajes ordinarios– superó todos los pronósticos y cerró junio con un acumulado de 6,02 por ciento, frente a una meta tope de la junta directiva del Banco de la República del 4,5 por ciento para todo el año.
“La inflación en solo seis meses se comió el aumento decretado por el Gobierno y por tanto se hace necesario revisar el salario mínimo”, dijo el presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Julio Roberto Gómez.
¿A qué se debe la inflación? Para el Gobierno, éste es un problema mundial, fundamentado en los altos precios de los alimentos y en el crecimiento que han tenido los costos de los combustibles. Por tanto –dice el propio presidente Uribe– no se debe atacar con tasas de interés sino con aumentos en la producción. Pero ésa es una política de Gobierno y no del Banco de la República.
MÁS PROACTIVIDAD
En consecuencia, el balón está en el Ministerio de Agricultura, un despacho que da muchas cifras sobre apoyo estatal –crédito y subsidios– a los productores, pero los resultados no se ven en la práctica.
El otro gran problema es la apreciación del peso. Un dólar barato afecta a las exportaciones, aunque hay que entender que favorece las importaciones y quizá, gracias a ello, la inflación no es más alta.
Pero además, la economía tiene otros riesgos. Ya se nota, afirma el decano de economía de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, un aumento en la tasa de desempleo, frente al año pasado. Y agrega: “Hay que ponerle mucho cuidado al trabajo informal, que ya llega al 57 por ciento del total de la población ocupada”.
La cuenta corriente de la balanza de pagos tiene un problema: un déficit superior a los 5.000 millones de dólares en la balanza comercial. La razón es sencilla: si bien el país ha elevado sus exportaciones a cerca de 30.000 millones de dólares, las importaciones son superiores.
Mauricio Cárdenas, director de Fedesarrollo, dio un dato revelador: la confianza del consumidor, que antes estaba en más 30 pasó a más 10. Y la más reciente encuesta sobre el clima de los negocios, que mide entre otras variables el estado de los pedidos, existencias y capacidad instalada, también cayó por primera vez en junio.
“La encuesta –dijo Cárdenas– arrojó que se está afectando el clima de los negocios en Colombia”.
Según el ex ministro, Fedesarrollo había proyectado un crecimiento para el presente año del 5,1 por ciento. “Pero creo que a la luz de la circunstancias ésa es una visión optimista y pienso que vamos a estar por debajo del 5,0 por ciento”, precisó, tras indicar que de todas maneras sigue siendo una tasa buena.
¿QUÉ HACER?
No hay fórmulas mágicas ni mucho menos consensos. Para el Gobierno, la junta directiva del Banco de la República no puede seguir atacando la inflación con mayores tasas de interés para desestimular el endeudamiento. Ello afectaría la producción y se traduciría luego en mayores precios para el consumidor.
Para el presidente de Anif, Sergio Clavijo, y el director de Fedesarrollo, la opción es aplicar una política monetaria contraccionista, que incluye una variación hacia arriba de las tasas de interés de referencia del Banco de la República y un recorte en el gasto público.
Según Cárdenas, los gastos totales del Gobierno vienen creciendo a una tasa del 13,3 por ciento y para hacerla compatible con las metas macroeconómicas no deberían superar el 11,1 por ciento.
Si bien es loable el programa “Familias en Acción”, según el director de Fedesarrollo elevar el número de beneficiarios a 3 millones tiene un impacto fiscal enorme. “Es una política inviable”, señala y explica que la mejor política social es velar por un crecimiento estable de la economía, porque ello se traduce en empleo y no en subsidios, que a la final los tienen que pagar todos los colombianos.
¿Y QUÉ DEL DÉFICIT?
El Gobierno, por su parte, considera que después de muchos años el déficit fiscal es prácticamente cero, lo que para los analistas es producto del baloto de los altos precios del petróleo y otros productos básicos, mas no de medidas y reformas estructurales que le den vitalidad a la economía para mantener la senda de crecimiento en el largo plazo.
La parte fiscal es crítica, coinciden Clavijo, Cárdenas y Gaviria, pues de ello depende que las calificadoras de riesgos le otorguen a Colombia el grado de inversión, con lo cual el capital foráneo seguirá fluyendo con confianza y sin el temor de medidas coyunturales de presentarse un momento de “vacas flacas”.
Los tres analistas son críticos del nuevo régimen de zonas francas, que establece exenciones y beneficios tributarios –entre ellos un impuesto de renta del 15 por ciento– para las empresas que se acojan a esta nueva política.
Dos razones explican este temor: muchas empresas que actualmente pagan una tarifa del 33 por ciento se van a trasladar al nuevo régimen, lo que implicará en el futuro una fuerte caída en los ingresos fiscales, presentándose una competencia desleal con aquellas compañías que no puedan trasladarse o no clasifiquen en el nuevo esquema.
La enorme planta de Bavaria, por ejemplo, que se construye en el Valle, se acogió al nuevo régimen de zona franca; es decir, pasará de pagar un impuesto de renta del 33 por ciento al 15 por ciento. ¿Cuánto implica esto para los ingresos del tesoro?
Una propuesta adicional es que se haga una gran reforma tributaria que elimine exenciones y deducciones que benefician a la gran empresa. “Aquí hay exenciones por todo y para todo, y eso implica una perforación tributaria”, afirma el ex ministro Rudolf Hommes.
Tanto Hommes como Cárdenas y Gaviria son enemigos de los subsidios que se les entrega a los agricultores (se benefician los grandes), a los exportadores (¿por qué a unos sí y a otros no?) y a los combustibles (los mayores consumidores son los de ingresos altos).
LO QUE VIENE
¿Hay razones para la incertidumbre? No. Si bien la economía se está desacelerando, un crecimiento del 4,5 ó 5,0 por ciento no es malo, aunque lo ideal sería mantener tasas superiores al 7,0 por ciento.
Pero el país necesita reformas y decisiones de fondo que garanticen una estabilidad futura: mejorar la infraestructura vial, que tiene un atraso de 30 años; hacer una gran reforma tributaria que elimine exenciones y deducciones; crear una política progresiva y equitativa –implica revisar el esquema de subsidios–; contraer el gasto público porque impide lograr metas de inflación razonables y retrasa la posibilidad de que el país obtenga el grado de inversión, y diversificar las exportaciones.
LA RUTA DE URIBE
Durante la instalación de las actuales sesiones ordinarias del Congreso, que se iniciaron el 20 de julio, el presidente Uribe sorprendió a los asistentes con un discurso esencialmente económico y con unas propuestas que distan mucho de la de los especialistas. Entre las principales frases figuran:
- • Varias dificultades vivimos en la economía: la pérdida de valor del dólar, su impacto en la apreciación de nuestra moneda, el riesgo en las exportaciones, en la producción para consumo interno de bienes y servicios transables internacionalmente y en el empleo; la inflación internacional y doméstica de combustibles, insumos agropecuarios y alimentos, con incidencia en peligrosas expectativas alcistas, y el mayor costo a la producción y al consumo derivado de superiores tasas de interés.
- • El Gobierno Nacional no ha traído al país un solo dólar de sus créditos desde noviembre de 2006. Han sido utilizados para cancelar vencimientos en el extranjero.
- • Para apoyar a los exportadores y proteger el empleo de los trabajadores de estas empresas, primero se pagaron las deudas de antiguos CERTS, que oscilaban alrededor de 350.000 millones de pesos, y en los últimos años se han creado nuevos incentivos que en el primer semestre de 2008 superan los 600.000 millones de pesos. Estos incentivos se han orientado a financiar programas de reconversión, adquisición de coberturas cambiarias y aplicación de prácticas sanitarias. Ha existido la condición de preservar el empleo.
- • Tenemos todas las posibilidades para obtener combustibles alternativos. Las condiciones naturales del país, el marco tributario y la confianza inversionista nos permiten afirmar que al concluir este año se estarán produciendo 2 millones de litros al día entre etanol y biodiésel, provenientes de caña de azúcar y palma africana. Los pronósticos son excelentes y se trabaja en la experimentación con otras fuentes.
- • Una preocupante inflación en los alimentos golpea al mundo entero. Mayores consumos, alzas descomunales de fertilizantes e insumos en general, disminución de oferta por desastres naturales o desviación hacia la producción de combustibles, aparecen entre las causas.
- • Nuestra determinación es producir alimentos. El conjunto de apoyos fiscales y financieros, como la ley Agro Ingreso Seguro, los estímulos tributarios, las bonificaciones en precio, el afán por ‘desatrasar’ la infraestructura y la paulatina ganancia de la Seguridad Democrática, deben conducirnos a aumentos sustanciales de la oferta agrícola y pecuaria.
- • La elevación de las tasas de interés contiene un choque de preocupaciones. El Banco de la República considera que es necesario frenar el exceso de confianza para solicitar y aprobar crédito y dar señales para precaver el ingreso del país al estadio psicológico de la inflación. Los productores de bienes y servicios estiman que las tasas son un factor de costo limitante de la oferta. Los consumidores les temen a los nuevos egresos por cuenta de una creciente factura de intereses y se privan de comprar o sus recursos no les permite adquirirlas.
- • El tema es bien delicado: ¿cómo eludir la amenaza de la alta expectativa inflacionaria sin que ello se constituya en una parálisis de la economía?
- • Debemos defender la estabilidad del régimen tributario al cual hemos llegado, sin perjuicio de ajustes como el proyecto de ley que se presentará para dar mejor orden a los fiscos de los departamentos.
- • Debemos recordar que el Gobierno y el Congreso han adoptado un régimen impositivo, que sin ser simple, resulta bastante competitivo para atraer la inversión.
- • En lugar de una disminución general y cuantiosa de impuestos se han introducido incentivos para la inversión que se traducen en un tratamiento más benigno a quienes contribuyen al crecimiento y al empleo.
- • Después de dos reformas laborales que han traído un equilibrio entre la estabilidad de los trabajadores, la menor inflexibilidad para el enganche y el despido, la racionalidad de los recargos y la predecibilidad de otros costos como el auxilio de cesantía, la armonía social no daría espacio para otro ajuste normativo en estas materias. Por lo anterior, el camino correcto ha sido luchar por el empleo mediante el estímulo a la inversión y no con medidas como la eliminación de las cotizaciones al Sena, el ICBF y las cajas de compensación familiar.