Publicación Junio 2008/Deportes/ EL FÚTBOL Y LOS NIÑOS
Por:
Antonio Joaquín García Sierra
“El hombre y el deporte, una amistad que nace en la niñez y perdura en el tiempo”.
Más que como actividad deportiva, el fútbol viene en una marcada tendencia a ser considerado un oficio lucrativo. Cada día aparecen más aspirantes a jugadores, menores de 15 años, motivados por la ilusión de alcanzar un sueño que les abra las puertas al mundo de la fama y la riqueza. Clubes, representantes, cazatalentos y padres conforman el negocio que mueve cifras astronómicas, en el que los niños futbolistas son la “mercancía”.
En Argentina, hasta hace una década, los clubes de barrio eran la mejor alternativa de los padres de familia para evitar que sus hijos estuvieran en la calle. Con la creciente profesionalización del fútbol, hoy la mirada es diferente, con lo cual se pretende fabricar a un futuro campeón, con fama, gloria y éxito, que resuelva de una vez por todas los problemas económicos familiares.
Las diferentes federaciones han intentado frenar las anormalidades en torno al manejo de los menores de edad. Los estatutos y las normativas de la Federación Española de Fútbol, así como la Ley del Deporte de ese país, describen explícitamente la irregularidad que supone propiciar beneficios económicos a un menor de edad. Sin embargo, los clubes invocan una figura legal y, en lugar de pagarles a los jugadores, les ofrecen manutención por estudios y desplazamientos, firmada por los padres, quienes ante la ley son sus representantes.
Suramérica y África son los continentes más solicitados. Allí la contratación y el pago de derechos son más baratos, siendo África la cantera que aporta más niños a los clubes europeos. El fútbol penetró en las entrañas de sus habitantes como no lo hizo ninguna otra manifestación cultural de Occidente. Es algo que se ha convertido en el “sueño europeo”. El deseo es alcanzar la fama de sus ídolos, que ganan millones de dólares y que se les ve en todos los medios publicitarios viviendo en un mundo casi irreal de fama, fortuna y gloria. Maradona, Messi, Eto’o, Sergio Agüero, Iniesta, Higuain, entre otros, forman parte de la lista interminable de referentes en los cuales muchos jóvenes y niños alimentan sus sueños.
La verdad es que nadie tiene por qué frustrar los sueños de un niño, pero también es cierto que debe garantizárseles el derecho a la libertad de encontrarse a sí mismos. Los padres deben ser los garantes y guardianes de ese camino, un agente motivador y no una fuente de presión, ansiedad y hostilidad permanente para alcanzar un sueño que puede ser tan lejano como incierto. ¿Qué pasa con los niños que no alcanzan esta cumbre? Una cosa es tener un hijo al que le gusta el fútbol y que además juega bien, y otra muy distinta es formar un crack. ¿Podemos dañar aquello que más queremos y por lo que hasta daríamos la vida?