Publicación Agosto 2008/Ciencia/
OBSERVATORIO ASTRONÓMICO DE BOGOTÁ
Por:
Germán Puerta Restrepo.
gpuerta@astropuerta.com.co
El más antiguo de América
Es justo afirmar que en América la astronomía especializada comenzó en el virreinato de la Nueva Granada el 20 de agosto de 1803.
El 20 de agosto se cumple un aniversario más de la construcción total del edificio de observatorio más antiguo del continente americano, diseñado especialmente para ese propósito: el Observatorio Astronómico de Santafé de Bogotá, localizado en la carrera octava, en predios del Palacio de Nariño. Veamos cual fue su origen.
Sin duda, la Expedición Botánica dirigida por José Celestino Mutis y los viajes naturistas de Humboldt y Bonpland tuvieron una gran influencia entre muchos jóvenes granadinos, entre quienes se destacaron Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano, José María Lozano, Eloy Valenzuela y otros. Pero la idea de un observatorio fue del propio Mutis, para ampliar el radio de acción de los estudios de la Expedición Botánica. Con el permiso del Ministro Marqués de Sonora, encargó Mutis la construcción al arquitecto fray Domingo de Petrés, en predios del jardín de la Expedición Botánica, en el ángulo noroeste del cruce de la calle 8 con la carrera 8. La primera piedra se puso el 24 de mayo de 1802 y el edificio se terminó el 20 de agosto de 1803, con un costo de $13.815.
El fraile capuchino natural de Valencia, fray Domingo de Petrés, arquitecto y constructor, residió 19 años en Santafé y apenas hay templo o edificio público de la época que no tenga su influencia. Tomó el arquitecto por modelo para el observatorio la Camara Stellata de Greenwich (Inglaterra) y la estructura inicial del Observatorio de París.
De esta forma, el Observatorio es de estilo renacentista y consta de una torre de 18 metros de altura en tres plantas rematadas por una azotea con una bóveda de ladrillo, adicionada con una torre que alberga la escalera. Tiene una cámara de forma octogonal, según el modelo de París, con siete altas ventanas en los costados para efectuar observaciones desde el interior, y un salón principal con una abertura en el centro de la azotea, un verdadero reloj de Sol. Sin embargo, al parecer fray Domingo de Petrés sabía más de arquitectura que de astronomía y no se asesoró en esta materia, pues la extremada altura del edificio hace que en los solsticios el rayo solar caiga en las paredes laterales y no en la cinta meridiana del piso, y el diseño de las ventanas laterales fue concebido para las altas latitudes de Europa, por lo cual el seguimiento de los astros en nuestra posición ecuatorial recae sobre otras constelaciones. Otra anomalía se presenta en la ventana al polo sur celeste, invisible desde París, pero visible en estas latitudes, la cual es obstruida por el lugar de la escalera.
En la construcción del Observatorio merece una honrosa mención don Salvador Rizo, mayordomo de la Expedición, “cuya actividad y celo contribuyeron a la conclusión de este bello y sólido edificio”, según Mutis. La dotación del Observatorio estaba formada por aparatos que el Rey hizo comprar para la Expedición Botánica, renovados por el primer encargo que se perdió en un naufragio. Entre ellos, teodolitos, cronómetros, telescopios, agujas magnéticas, barómetros, termómetros, etc. Francisco José de Caldas, el primer director del Observatorio Astronómico de Santafé, agregaría después otros instrumentos y cuadernos de observaciones, ejemplares de herbario y colecciones.
Caldas llegó a Santafé de Bogotá el 10 de diciembre de 1805 y Mutis le confió la dirección del Observatorio. Dice Caldas acerca de este nuevo edificio: “…Dueño de ambos hemisferios, todos los días se le presenta el cielo con todas sus riquezas… Establecido sobre los Andes ecuatoriales a una prodigiosa elevación sobre el Océano… ve brillar a las estrellas con una claridad y sobre un azul subido que de él no tiene idea el astrónomo europeo. De aquí ¡cuántas ventajas para el progreso e la astronomía! …lejos de las nieblas del Norte y de las vicisitudes de las estaciones, puede en todos los meses registrar el cielo.
Hasta hoy suspiran los astrónomos por un catálogo completo de las estrellas boreales, y apenas conocen las australes… ¡Cuántas estrellas nuevas, cuántas dobles, triples! ¡Cuántas nebulosas! ¡Cuántas planetarias! ¡Cuántos cometas que se acercan a nuestro planeta por el Sur y vuelven a hundirse por esta parte en el espacio, escapan a las indagaciones de los observadores europeos!..”.
Entre los trabajos realizados por Caldas se destacan el cálculo de la altitud del Observatorio sobre el nivel del mar, la determinación de la latitud mediante la observación de estrellas, la observación del eclipse total de Luna del 9 de mayo de 1808, el registro de los satélites de Júpiter, la determinación astronómica de varios puntos de la geografía neogranadina y varias publicaciones. Desde su torre fijó la altura de la cumbre del nevado del Tolima.
El 29 de octubre de 1816 Francisco José de Caldas fue fusilado junto con tres patriotas más por orden del pacificador Morillo. Fueron vendidos los libros, instrumentos y utensilios de pintura que pertenecieron a la Expedición Botánica, y las colecciones científicas del Observatorio. Los herbarios, las láminas y las descripciones científicas de la flora, así como las colecciones de fauna tropical fueron confiscados y trasladados a España, junto con cajas y escritos de Caldas, Lozano y Sinforoso Mutis, y una rica custodia que los pacificadores clasificaron como muestra de historia natural. Se truncó así, de manera dramática, la que prometía ser una extensa edad de oro de la astronomía y las ciencias naturales en Colombia. Hoy todavía estamos pagando un alto precio por este desastre.
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