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Publicación Mayo 2008/Turismo/ HÉCTOR MORA
EL HOMBRE DE LAS MIL HISTORIAS

Por:
Pedro Fuquen.

Ha dormido en cuartos de 10 hasta de más de mil dólares, guarda llaveros y lamenta que hayan cambiado las llaves por las tarjetas que abren las puertas de las habitaciones. Para Héctor Mora viajar es un sueño que nunca termina.

Definir a Héctor Mora es una tarea compleja, sobre todo cuando uno ha estado cerca en alguna parte de su vida y compartiendo su profesión. Buen conversador, solidario, bonachón, de buen humor, excelente analista, periodista bien informado de la actualidad nacional e internacional, buen historiador con una memoria prodigiosa.Definir a Héctor Mora es una tarea compleja, sobre todo cuando uno ha estado cerca en alguna parte de su vida y compartiendo su profesión. Buen conversador, solidario, bonachón, de buen humor, excelente analista, periodista bien informado de la actualidad nacional e internacional, buen historiador con una memoria prodigiosa.

Recuerda con facilidad fechas, lugares, personas y nombres. Está cumpliendo treinta años de profesión y de más de mil programas de televisión como director, productor, periodista, coordinador, asistente, presentador y locutor.

No hay lugar en la geografía del país donde no lo reconozcan y, con envidia de la sana, le pidan hablar de tal o cual tema que él, con el buen gusto que le es característico, da rienda suelta a sus recuerdos.

Según Héctor Mora, son casi cuatro las generaciones que han transcurrido en su vida profesional, con una curiosidad por saber algo de sus experiencias. Su casa, que más parece un museo, con recuerdos, fotos, música, películas, tarjetas, cuadros, sombreros y cientos de objetos que despiertan y complacen la curiosidad de quienes tienen el privilegio de estar cerca de él, forman parte de ese tesoro único producto de sus viajes.

Periodistas de turismo hay muchos, pero con la constancia y persistencia de Héctor no se encuentran. “Lo importante no es viajar, sino conocer y buscar la historia y los entornos culturales y sociales”, explica.

En los rincones de su biblioteca tiene algunas condecoraciones importantes, pero celosamente comenta acerca de la última, el reconocimiento más importante. El periódico El Colombiano lo declaró el “Colombiano ejemplar” por su tarea en el turismo, un trofeo muy difícil de alcanzar, pues son pocos los colombianos que lo ostentan. Pero bien merecido lo tiene.

Como le encanta compartir con la gente sin condición alguna, aprovechando sus dotes de conversador y cronista innato y agradable, le hicimos algunas preguntas y éste fue el resultado.

M  ¿Cuándo comienza el gusto por el turismo?

H.M.   De niño, porque mi padre acostumbraba a viajar todos los años desde el Huila hasta La Dorada para tomar barco a Cartagena. Ese recorrido muchas veces generó un apego al viaje, al paisaje, a la música, a las costumbres diferentes, que se convirtió en una ilusión. Viajar es un sueño que no termina nunca.

M  ¿Cuál fue su primer viaje y qué le gusto más?

H.M.   A nivel nacional no lo recuerdo bien por la poca edad; a nivel internacional fue a México, de paso para Cuba y Bulgaria, a un festival de juventudes. Terminé viajando en barco hasta Estambul, por el mar Negro, y me asombró el entorno de la historia musulmana y los inmensos cultivos de rosas búlgaras. Luego viajé bastante a congresos, foros, etc.

M  ¿Cuándo se ‘prende el bombillo’ y encuentra que periodísticamente vale la pena?

H.M.   Cuando salí de la universidad. Ante la nostalgia de los viajes pensé, como remedio, que a la televisión le cabía un programa hecho en exteriores y en el extranjero, y se lo propuse a Caracol. Yo había empezado a estudiar periodismo, pero no terminé porque se cruzaba con los horarios de derecho. Pero eso me marcó y me ‘encendió el bombillo’. Además, en ese tiempo no era fácil acercar los escenarios del mundo al televidente colombiano. Estuve primero en las pantallas que Travel Chanel.

M  ¿Cuál es el lugar preferido y por qué?

H.M.   Hay varios lugares, comenzando porque Europa es un supermuseo y Estados Unidos un supermercado. Pero la gran atracción está en el misterioso Oriente, en China, Japón, Vietnam, Camboya, Myanmar, Tailandia, Indonesia… son nombres que encierran tanta leyenda y sofisticación que se convierten en paraísos. Como simple paisaje me encanta la Polinesia francesa, las islas marquesas, Borabora, Huaine, Rangiroa, los glaciares argentinos o los lagos suizos, pero me quedo tranquilo y feliz por un tiempo en el Tíbet

M  ¿Cuántos viajes ha hecho?

H.M.   En realidad no llevo la cuenta, pero sé que en 30 años he visitado 107 países para hacer 1.240 documentales y que tengo hasta ahora 7.300 horas de vuelo internacional. El promedio anual puede ser de quince viajes, lo que daría casi 500.

M  ¿De los viajes qué es lo que más le gusta?

H.M.   El contacto con culturas diferentes y con el hombre como motor de la evolución social, algo que encierra arquitectura, tradiciones, folclor, gastronomía, paisajes, sociología. En resumen, son radiografías en colores de culturas y razas. Cada pueblo es una historia y una evolución histórica. En realidad el viaje no es cómo se hace, sino cómo se recuerda.

M  ¿Qué es más placentero, viajar en avión, por tierra o en qué?

H.M.   En avión se llega entre nubes, en barco se sueña y se marea, y por tierra se conoce, se entra en contacto con la realidad, se palpan cosas nuevas y raras a la altura del ojo y de la mano. La estancia en un lugar hace la delicia del viaje, una permanencia adecuada que le da cuerpo a la visita.

M  ¿Le gusta que lo escuchen o que le pidan autógrafos?

H.M.   El reconocimiento de la gente es un estímulo al trabajo, brinda la seguridad de haber cumplido con un propósito puesto al servicio de la opinión pública y uno se debe al televidente o a quien lo lee o lo escucha. Eso genera más responsabilidad, pero también produce un hormigueo de satisfacción. Se siente uno realizado. Que lo escuchen es valioso como testimonio, que le pidan autógrafos es más personal, pero produce risa nerviosa.

M  ¿Cuántas generaciones han pasado por sus programas?

H.M.   Pues habiendo comenzado en el año 77, creo que voy camino de la cuarta generación. Mis amigos se burlan porque dicen que los jóvenes dicen: “¡A mi mamá cómo le gustaban sus programas y su voz le gustaba a mi abuela!”...

M  ¿La comida más extraña que ha saboreado?

H.M.   Hay muchas variedades extrañas, pero la oriental es sorprendente aunque hay mucho de leyenda y exageración. Entristece el perro coreano o cantonés, ahuyentan los sesos de mico crudo, la sopa de mariposas en Hong Kong, los trozos vivos de pulpo en Japón, las marmotas de Mongolia y la gran cantidad de insectos en México. En resumen, eso depende del estado del apetito y de la capacidad del bolsillo. El cocodrilo bebé es muy suave en el restaurante Carnívoros de Nairobi, como el cuy pastuso.

M  ¿El lugar de esos encantos que uno no se quiere ir?

H.M.   La Polinesia frente al mar, el reflejo de la nieve en los Pirineos como Navidad apacible o el Himalaya como caminata; la conservación y la imaginación de la arqueología oriental, la vida salvaje en África, las fiestas en el río Rin o el recorrido del Danubio; la buena mesa en China, el pasado egipcio, griego e Indio, la riqueza de las frutas en el trópico o las arenas de Borabora. Es muy difícil precisar un sitio porque cada quien habla de la fiesta según como le haya ido en ella. Me fascinan las fiestas de las Carretas del Rocío en España, los carnavales en Bahía, en El Salvador o en San Pedro en Neiva. Es inolvidable comer helados en invierno en la Plaza Roja de Moscú, chapotear en el mar en Phuket (Tailandia) o en las Islas Mauricio, o comer pescado a medianoche en la plaza publica de Marrakech en Marruecos.

M  ¿El personaje más fascinante que ha conocido?

H.M.   . Ese ‘carisellazo’ queda entre la madre Teresa de Calcuta, el Buda viviente en el Tíbet y Fidel Castro. Un personaje que impactaba, con algo de susto, era el ayatollah Khomeini.

M  ¿Nunca soñó con alguien con quien luego se haya encontrado?

H.M.   En un vuelo Taipei-Hong Kong, al entrar en el baño encontré que salía Liz Taylor; cambiando una llanta en Mónaco, al voltear a mirar me estaba mirando Gregory Peck; como toda la gente de mi generación, había soñado con Sofía Loren, y la topé en un camping en San Marino.

M  ¿Lugares pendientes?

H.M.   Hay lugares inaccesibles como Togo, Malí, Benin, Yemen, el Everest y, por falta de oportunidad, Valledupar. También algunos parques nacionales africanos dedicados a los safaris de observación y muchas islas idílicas de los siete mares.

M  ¿De qué le gusta hablar?

H.M.   De todo... de lo que conozco y de lo que ignoro, porque así aprendo. Pero prefiero los temas sociales e históricos, hablar de la vida en lugares remotos.

M  ¿Dónde ha visto las mujeres más bellas?

H.M.   Yo creo que la mujer más bella es la que uno quiere... pero hoy día se ven mujeres muy bellas en las calles de Moscú, en los bares de Praga, en los parques de Ho Chi Min, en las esquinas de Medellín.

M  ¿Ha sentido miedo en algún lugar?

H.M.   Claro que sí. En la frontera Irak-Irán, en un viaje por tierra por la Franja de Gaza, en un suburbio de Nueva York y en las oficinas de la DIAN.

M  Anécdotas muchas, pero ¿una en especial?

H.M.   Yo considero algo especial haber entrevistado en Goulimine, al sur del Sahara, llegando a Mauritania, a un paisa que vendía y sanaba camellos en un zoco. Aquí se llamaba Abraham, allá Ibrahim...

M  ¿Se le borró la película alguna vez? ¿Qué hizo?

H.M.   Afortunadamente tengo buena memoria y retentiva para los nombres. Hay lugares borrosos en el recuerdo por efectos del sueño o del cansancio de los viajes. Y como no fumo, no veo nada entre nubes de humo.

M  ¿No ha tenido miedo por un accidente aéreo? ¿Compra seguros?

H.M.   La ventaja del accidente aéreo está en que uno no queda en silla de ruedas. Siempre compro seguros, porque es difícil confiar en las EPS.

M  ¿Qué parte de su vida ha permanecido viajando? ¿Qué porcentaje aproximado en días?

H.M.   Montado en un avión ya va más de un año, en el exterior la mitad de los 30 años de trabajo.

M  ¿Qué es lo que más le preguntan?

H.M.   ¿No necesita quién le lleve la maleta?

M  M ¿Se ha quedado varado?

H.M.   Una noche, en la antigua Alemania, me quedé sin gasolina y sin moneda local. Me sacó del lío a medianoche un agricultor que me regaló gasolina. Me habían robado, pero las tarjetas salvan la vida.

M  Consejos de viaje…

H.M.   Son tantos, que escribí para Planeta un libro que se llama Haciendo maletas, y va en la quinta edición. Por eso escribí otro, Adónde ir... Pero es básico saber adónde se va y a qué... No exagerar en la maleta, hacerla con cinco días de anticipación para que salga el aire y baje de peso y volumen... Llevar seguros médicos, saber de qué color es la maleta y tener fotocopias de los documentos, así como las recetas de las medicinas. M Muchos amigos, imagino…

M  Muchos amigos, imagino…

H.M.   Como Pedro Fuquen, pocos. En el exterior bastantes... Conocidos sí hay muchísimos. Se contactan por Internet.

M  Gracias. ¿Un sitio para ir y no olvidar nunca?

H.M.   . ¡Uf! París, San Petersburgo, Kyoto, Petra, Santorini, un chalet suizo en invierno y, claro, el hotel de la luna de miel... Sea la primera o una reencauchada.

M  ¿Qué quisiera conocer de Colombia?

H.M.   La conozco casi toda, pero además de Valledupar me falta Puerto Inírida. Quiero ir a Santa Fe de Antioquia para ver su puente colgante, y a Barichara.

M  Con la experiencia que le han dado los viajes, ¿Colombia es un buen destino?

H.M.   El escenario es buenísimo, pero falta capacitación, actualidad, comodidad en las ofertas. El Estado no se ha preocupado por colaborar en el desarrollo turístico y miles de empresarios lo ven como un negocio más que como una industria de importancia para la economía nacional. Hay que definir una imagen para la promoción internacional, que tanta falta hace, y determinar qué tipo de turismo se quiere ofrecer. En ecoturismo y turismo rural podemos ser más fuertes que en sol y playa. El turismo de salud y de aventura es una buena oferta.

M  ¿Qué nos falta para promover el turismo?

H.M.   Capacitación y divulgación. Nos vemos muy perjudicados con la imagen de violencia.

M  ¿Estamos preparados para el turismo internacional?

H.M.   Falta mucho. Despertar la conciencia de los inversionistas y del propio pueblo colombiano. El turismo es la segunda industria del mundo, genera el 10,4 % del empleo del mundo y el 10,6 de las inversiones. Francia recibe 77 millones de turistas internacionales, México 22, nosotros apenas 1,5.

M  ¿Somos competitivos o costosos?

H.M.   Somos costosos. La hotelería es cara y el trasporte también.

M  De la comida colombiana, ¿qué le gusta?

H.M.   Es de los menús más variados del mundo por la riqueza agrícola del trópico. Desperdiciamos los productos de mar, pero en frutas y en exceso de harinas nos va muy bien. Si uno mira al estilo español, cada región tiene su propia vianda especial.

M  ¿Y qué lugar?

H.M.   Hay tanto lugar atractivo que es difícil organizar una lista. Mire no más a Caño Cristales, el centro histórico de Honda, el corralito de piedra cartagenero, Bahía Solano, el golfo de Mo­rrosquillo, las haciendas del Huila y del Quindío, la Guajira, Barichara y los pueblos coloniales de Boyacá… por todas partes afloran lugares agradables, no siempre bien explotados, pero ahí están a la vista y posibilidad del viajero.

M  Al escucharlo, uno se pregunta: ¿alguna vez se enoja o siempre se ríe de la vida?

H.M.   Es muy difícil que me enoje, de pronto me molesta un poco en el trabajo la falta de interés o la desidia de un colaborador, pero en términos generales la vida es para reír y no para fruncir el ceño. Los esquimales del norte, los inuits, no dicen: “Quiero hacer el amor”; dicen: “¡Quiero reírme con usted!”

M  ¿Le gusta ver los primeros programas que hizo o lo deja a la historia?

H.M.   Sí, porque reviven lugares. No es lo mismo una grabación de China de hace 25 años que una actual; además, me gusta verlos porque en ese tiempo no necesitaba dieta.

M  Si tuviera que irse de Colombia, ¿qué lugar escogería?

H.M.   La respuesta es engorrosa, quizás a la Polinesia, porque me gusta la tranquilidad, el mar y el paisaje. Eso depende del afán con que uno tenga que salir del país…

M  ¿Hay algún lugar del mundo que no conoce y que le gustaría conocer?

H.M.   Muchos: Tumbuktú, Kyras, Islas Maldivas.

M  ¿Con los viajes cómo ha sido su vida familiar?

H.M.   Ha sido integral. Mis hijos crecieron cargando trípodes, casetes y luces por el mundo, en vacaciones. Pasamos año nuevo en un avión, Navidad a oscuras en Belén, fiestas de cumpleaños en parques y hoteles, una vez celebramos un premio Simón Bolívar con una cena a escondidas en los jardines de Versalles.

M  ¿Cómo son las relaciones con sus hijos? ¿Ellos qué hacen? ¿Son herederos de sus aficiones?

H.M.   Somos excelentes amigos y socios, es decir, somos un parche. Héctor estudió producción de televisión en Estados Unidos y trabaja en RCN y en Radiónica. Andrés es antropólogo, pero hace seis años se fue para la Academia de Cine de Beijing, donde trabaja como jefe de producción de una firma alemana y hace pinitos en cine.

M  ¿Cómo es la salud de Héctor Mora? ¿Cómo una persona puede asimilar tantos cambios alimentarios, climáticos?

H.M.   Hasta ahora, buena, vacunado quizá por el trópico y la fritanga. El horario se maneja adoptando el horario de los nativos de cada país y la alimentación con paciencia.

M  ¿Qué cosas de otros países o de algún país en especial le gustaría que se implementaran en Colombia? ¿Qué le aportarían al país?

H.M.   La navegación fluvial del Rin alemán o del Danubio, el ecoturismo de Costa Rica, el turismo rural de España, el aprovechamiento indígena, musical y folclórico de México, el pasado egipcio, griego o indio, y la educación cubana.

M  Siendo Colombia un país tan rico, dejando de lado el narcotráfico y la guerrilla, ¿qué nos falta o qué nos sobra para no ser considerados como un país patito feo en el exterior?

H.M.   Nos falta capacitación y divulgación, interés de los inversionistas y planeación. Y nos sobra folclor y paisajes.

M  ¿Hasta cuándo piensa viajar?

H.M.   Hasta cuando tenga patrocinio, porque viajar es un sueño que no termina nunca.

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