Publicación Mayo 2008/Educación/ Periodistas y Comunicacones Sociales
Por:
Rafael Ayala Sáenz.
Formadores del siglo XXI
(ÚLTIMA PARTE)
Comunicadores sociales y periodistas: mediadores del tejido social.
Se ha afirmado que “todo periodista es un comunicador social, pero no todo comunicador social es un periodista”, con la intención de aclarar que el campo y la actividad de esta profesión forman parte de la Comunicación Social, pero que no es el único rol que puede cumplir dentro de una sociedad o campo laboral. En efecto, al comunicador social se le ha asignado la responsabilidad de formarse para que se constituya en un mediador social. Mientras que en términos generales se puede decir que el periodismo es una actividad y un sector económico que consiste en averiguar, recopilar, seleccionar, interpretar, procesar, organizar en un soporte y presentar información a un público de manera periódica, en donde se considera al periodista como el profesional de la información que se mueve y labora en el entorno de los medios convencionales (prensa, radio, televisión, Internet), lo cual de ninguna manera lo absuelve de su poder, del poder ejercer como mediador y formador.
Jesús Martín Barbero propone una definición de mediador que se opone al significado de intermediario social con la cual se ha intentado confundir el rol de estos profesionales. Para este autor, “el intermediario establece relaciones entre creadores y públicos, entre políticos y electores, o entre gobernados y gobernantes. Las relaciones que propone no son de uso, de apropiación o de goce, sino de obediencia, reverencia y culto. El mediador, en cambio, se sabe socialmente necesario; busca la participación de la gente en la historia común. Descentra la cultura, la política y la economía; activa la capacidad de la gente para analizar, criticar y proponer”. Analicemos una por una estas características asignadas al mediador social.
Un mediador se sabe socialmente necesario porque es consciente del predominio de la incomunicación en las interacciones individuales, grupales, sociales y culturales, incomunicación que se manifiesta en malentendidos, conflictos, ruidos e intolerancias; por ello, mediante el proceso de la interacción social, construye y gestiona relaciones sociales que propendan por la construcción de puntos en común que permitan vivir en comunión y construyendo y reconstruyendo una unidad común.
Un mediador no gestiona interacciones sociales para construir relaciones de obediencia, reverencia y culto, tarea que le queda asignada a los intermediarios cuya tarea social es contribuir a mantener los medios, las estrategias y las maneras de dominación y control social, haciendo creer que son un puente indispensable e ineludible para que el statu quo se mantenga.
Los mediadores les dan a las necesidades humanas el estatus de derecho humano. No comercian con ellas, propenden por una satisfacción que garantice la dignidad del existir. El intermediario hace de la satisfacción y gestión de necesidades un favor que se paga; el mediador busca la participación de la gente en la vida cotidiana y en la historia común, activa la capacidad de la gente para analizar, criticar y proponer; propende por la autogestión que ayude a construir autoestima social; no siente lastima por sus congéneres, sino que les da estatus de personas aptas cognitivamente y capaces de empoderarse de su vida y sus problemas para darles solución mediante el uso de su recursividad y creatividad.
La capacidad crítica del mediador le permite descentrar la cultura, la política y la economía. Es capaz de mostrar otras prioridades, revalorizar los gustos propios, hacer notar otros modos de hacer, que no por ser distintas de las demás, dejan de tener su valor; por el contrario, se convierten en puntos de referencia para la distinción y en excelentes manifestaciones de la creatividad humana que es capaz de resolver los mismos problemas, de maneras distintas y con los mismos u otros recursos. Señala que hay otras maneras, medios y mediaciones de hacer una política que propenda por la participación y la defensa de lo público como un derecho que tenemos todos en común.
Para lograr todo lo anterior, el mediador da rienda suelta a su pasión por la comunicación, estudia, se prepara, indaga, investiga y comprende los medios y las mediaciones propias de los procesos de la comunicación; también observa, analiza, descubre cuáles son las maneras de interacción social que han creado los individuos, los grupos o las culturas antes de proponer cuáles son las mediaciones más apropiadas que se requieren para gestionar los consensos que se necesitan.
Toda mediación requiere la presencia de los otros para poder suscitar la interpretación y el intercambio de las intersubjetividades. El producto de la intersubjetividad es el sentido común, es decir, unos sentidos que por ser negociados y convencionalizados se convierten en significados o acuerdos de significados o definiciones de las situaciones para unos individuos o grupos determinados, que por ser generalizados se vuelven comunes.
En síntesis, y usando la voz femenina de Sandra H. Masón, investigadora de la Universidad del Rosario en Argentina, “la comunicación es reconocida como el espacio generativo de la transformación cultural (…) la comunicación es el momento relacionante de la diversidad sociocultural; apostar a organizar una intervención en la dinámica sociocultural es recuperar la comunicación como un proceso abierto y permanente de sentido (…) El comunicador no es un mero ejecutor de productos comunicacionales, sino alguien capaz de usar los saberes teóricos como horizontes de sentido y herramientas en su trabajo profesional. Por esto el trabajo del comunicador implica una aproximación de las teorías de la comunicación, y que reconociendo sus alcances y limitaciones operatorias las integre valorativamente en un plan de acción sustentado por el diseño de estrategias de comunicación”.
EDUCAR: FUNCIÓN SOCIAL TRASCENDENTAL PARA COMUNICADORES SOCIALES Y PERIODISTAS
Desde una postura crítica, el papel estratégico de la educación en la sociedad de la información y del conocimiento será la de facilitar la divulgación de diversos puntos de vista que contribuyan a determinar una perspectiva, sin olvidar que, en sí misma, cada cultura o subcultura es una mirada que desde las diversas invenciones del hombre contribuye a comprender y a transformar la realidad. La educación debe contribuir a relativizar los absolutos que promueven los pensamientos únicos y una manera de hacerlo es contribuir a que las minorías sean reconocidas haciendo visible su diferencia en la sociedad.
La mediación que realicen los mediadores debe contribuir a que las palabras o imágenes susciten a la acción que determinan las interacciones. El reto es no contribuir más con la enculturación (proceso mediante el cual la cultura de la minoría dominante es propuesta como modelo a la mayoría dominada), es decir, a que la educación que se recibe en cualquiera de sus medios, legitime y sea legitimada por los mismos dominados. La enajenación se logra cuando, como sostiene Barbero “el colonizado se siente extraño, extranjero en su propia tierra”.
Desde este punto de vista, se requieren mediadores conscientes de que todo educador es un formador (es decir, que forma, delinea, arma, construye mentes) al igual que un comunicador cuyas acciones influyen en las actitudes y los comportamientos de una comunidad; mediadores que gestionen puntos de encuentro entre los diferentes actores y procesos de una comunidad; mediadores que propongan un análisis crítico del uso, efecto e impacto de los medios de comunicación y las tecnologías educativas en la institución escolar y se convierta, además, en un alfabetizador en los modos de percibir, leer, saber y sentir los medios de comunicación.
A educadores, comunicadores y periodistas acuden los integrantes de una cultura para encontrar las respuestas, por lo general parciales, de las perennes preguntas que impulsan y alientan la dinámica del conocimiento: qué, por qué, para qué, dónde, cuándo, cuántos, cómo y quiénes. Los comunicadores sociales y los periodistas, al igual que los profesores, son agentes educadores de la cultura y la sociedad. El periodista, el comunicador social y el educador tienen en común que en el ejercicio de sus actividades tienen la intención comunicativa de formar o contribuir en la formación de los individuos que forman parte de una cultura y una sociedad respetando el ideal de humanidad o de ser humano prefijado, por lo que en esencia son mediadores simbólicos. Una segunda semejanza compartida es que los comunicadores sociales, periodistas y educadores son mediadores que ayudan a construir y a tejer con sus acciones relaciones sociales y transmitir la tradición de la cultura usando los medios y las mediaciones que están a su disposición. Los tres, con su desempeño y usando diversos medios, contribuyen a socializar a los individuos y a transmitir y a formar identidades individuales y culturales; los tres usan la educación y la comunicación como medio para lograr los objetivos mencionados. Desde este punto de vista, estos tres profesionales comparten una misma responsabilidad social.
Saber usar los código del idioma español, el código de los medios audiovisuales y el de los géneros periodísticos no será suficiente para ser un informador y un mediador social; además, se necesita saber interpretar los demás sistemas de signos que también constituyen y permiten la construcción de la trama del tejido social, el código de la pedagogía y, fundamentalmente, el código del proceso de la enseñanza y el aprendizaje; no para convertirse en un licenciado de la comunicación social o del periodismo pedagógico, sino para que comprenda las dimensiones del acto comunicativo en función de la acción de formar seres humanos en cualquier ambiente de aprendizaje que la cultura haya desarrollado para tal fin.
La labor de los periodistas y comunicadores sociales está directamente relacionada con la creación de signos, que al ser divulgados por medios masivos de comunicación ayudan a crear, a formar modelos o paradigmas de interpretación de la realidad. Por esta razón epistemológica, ser informadores y mediadores es ser mucho más que un intermediario entre un medio y una audiencia, entre unos datos y una información, es volverse agente de procesos comunicacionales y creador de discursos mediáticos que contribuyan a facilitar y no a obstaculizar las interacciones y relaciones de una colectividad.
Por todo lo anterior, se puede afirmar que todo periodista y comunicador social es, en esencia, un educador cuya responsabilidad mayor consiste en contribuir a hacer una interpretación fidedigna y confiable de la realidad para facilitar su análisis, comprensión y, en última instancia, su transformación, porque no podemos olvidar que uno de los usos trascendentales de la educación es esa: influir para transformar modos de ver y de hacer.