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Publicación Marzo 2008/Tecnología/ El desafío del libro ante la era digital.

Dr. Hafezi Pflegeheim 
Emmendingen

Por:
Ivonne Lorena García González.

Los libros tienen magia. El papel, la tinta, la sensación que producen las letras de la impresión bajo los dedos es algo sublime para muchos de nosotros, que nos negamos a la desaparición del libro como elemento cotidiano. Para otros, sin embargo, ha sido desplazado por el libro digital.

Afirmar que el libro, físicamente, va a desaparecer, es un tanto arriesgado y utópico. Si bien los avances tecnológicos han demostrado ser de momentos y que son reemplazados unos por otros cada vez con un margen de tiempo corto, el libro ha estado ahí desde los orígenes de la humanidad. Primero con la pintura rupestre, luego en papiros, pergaminos, códices, el libro tradicional hasta llegar al E-book de la actualidad.
Las nuevas tecnologías, la rapidez de la información y el mundo en desarrollo por momentos nos hacen pensar que el libro como herramienta de consulta y fuente de conocimiento o entretenimiento está destinado a desaparecer.
Pues bien, recordemos que hace ya algunas décadas, con la aparición de la televisión se llegó a pensar que la radio desaparecería, pero, increíblemente, sigue con nosotros, evolucionando al paso de la tecnología y renovándose cada instante para no sucumbir como lo han hecho otros medios.

El miedo a convertirnos en una sociedad digital (como la que plantea Giovanni Sartori en su libro Homo Videns), nos ha llevado a pensar cada uno de los pasos que damos con respecto a la tecnología. Jamás imaginamos poder comunicarnos por escrito de manera tan rápida como lo hacemos por el correo electrónico o la mensajería instantánea, y la cámara digital nos deja ver las imágenes que tomamos de manera inmediata, al igual que la cámara de video.

El miedo a convertirnos en una sociedad digital (como la que plantea Giovanni Sartori en su libro Homo Videns), nos ha llevado a pensar cada uno de los pasos que damos con respecto a la tecnología. Jamás imaginamos poder comunicarnos por escrito de manera tan rápida como lo hacemos por el correo electrónico o la mensajería instantánea, y la cámara digital nos deja ver las imágenes que tomamos de manera inmediata, al igual que la cámara de video.

Todos estos avances nos han arreglado la vida de una u otra manera, pero al mismo tiempo han creado una nueva cultura. Una cultura digital que podemos ver ya arraigada en los jóvenes y niños de hoy, que se han acostumbrado y han crecido en un entorno lleno de ‘gadgets’ y artefactos, de comunicaciones en términos más globales y con un lenguaje universal que tal vez muchos de nosotros no sabemos utilizar o no entendemos. Cada día son más los estímulos que se envían por parte de las nuevas tecnologías para mantener las audiencias, lectores o jugadores. Los elementos que hoy son vistos como rudimentarios, en nuestro caso los libros, caen en lo ‘común’ y, por tanto, son desplazados (no totalmente, pero sí superados muchas veces) por las nuevas tecnologías que son más atractivas.

En la actualidad la educación tiene nuevos retos. No se trata sólo de mantener actualizado al estudiante, sino hacer que permanezca atento, interesado en el tema y en constante exposición a los estímulos que hacen que su aprendizaje conserve un nivel aceptable. El conocimiento no sólo tiene que ser atractivo para que sea recibido, sino que debe mantenerse latente, una de las grandes desventajas de la información puesta en la mesa de inmediato. Medios como la televisión e Internet permiten el acceso a contenidos de manera más rápida e inmediata. Para muchos ya no es necesario ir a una biblioteca para hacer una investigación porque todo lo que se pueda necesitar, desde la definición de una palabra hasta los pasos e ingredientes para un experimento de laboratorio, se encuentran en la red o en libros digitales o PDF.

Pero no todo es perfección en el mundo del aprendizaje y la información digital. Los problemas surgen cuando se intenta evaluar el nivel de retención que tiene las personas que se han visto expuestas a los contenidos de las nuevas tecnologías, pues los recursos de la memoria y la experimentación por sí mismos han desaparecido en un gran porcentaje. Los libros digitales son, en gran parte, fuentes de información para mantener guardada y descargar cuando sea necesario, sin tener la necesidad, como ocurre con un libro normal, de leerlo cuando la ocasión o la obligación lo ameriten. Simplemente permite copiar y pegar inmediatamente, sin tener la necesidad de contextualizar la información o leerla.

La pereza por la lectura es, tristemente, la consecuencia de los mismos avances tecnológicos de los cuales nos sentimos orgullosamente dependientes, al tener todo un poco más cerca y de manera más inmediata la información que necesitamos. De cierta manera, la mística del libro como elemento formador, transportador a otros mundos, se ha vuelto algo exclusivo de personas que aman esa magia o que aún no tienen las herramientas para acceder a las nuevas tecnologías. Ambos tipos de libro han sido satanizados, ya sea por su practicidad o por su accesibilidad. El desplazamiento del átomo por el bit, que planteó alguna vez el escritor Nicholas Negroponte en su libro Being Digital (Ser digital) es casi una exageración en la actualidad, sin decir que pueda hacerse realidad en un futuro no muy cercano, ya que el hombre depende aún de las formas mecánicas y tradicionales como la imprenta y la agricultura, entre otras.

El libro jamás será desterrado. Como el evangelizador del conocimiento en el mundo, toda la información que se pudo compartir en algún momento se propagó gracias a él, desde las novelas más relevantes, pasando por los descubrimientos científicos hasta las lecturas más ligeras y triviales. Tal vez sea la cotidianidad que se le dio a ese elemento tan importante lo que nos hace olvidar su valor en sí. El hecho de verlo todos los días, usarlo para muchos propósitos mundanos o de gran relevancia han hecho del libro ese testigo presencial y silencioso de la evolución del pensamiento humano.

BIBLIOTECAS DIGITALES Y LA ‘CONSTRUCCIÓN’ DEL CONOCIMIENTO

Si bien errar es humano, los errores también pueden ser el pan de cada día en cuanto a los libros digitales y las grandes bibliotecas digitales como Wikipedia, que son fuentes de información en perpetua construcción y, por tanto, expuestas a todo tipo de juicios o afirmaciones falsas que en lugar de instruir, destruyen y confunden a los lectores.

Una de las grandes ventajas de los libros digitales es el gran nivel de legibilidad que tienen, pues no hay problemas de impresión ni de papel. Además, los tamaños y las fuentes pueden ser ajustados de acuerdo con las necesidades del usuario. Sin embargo, en los contenidos digitales se ven más errores de fondo, de traducción, trascripción e incluso de puntuación, debido a que la misma necesidad del lector por un producto inmediato lo hace nacer de manera inmediata y muchas veces mediocre y poco pulido en su contenido. Aunque la construcción de contenidos es valiosa para las nuevas tendencias, teorías y movimientos, muchas veces la información se pierde en el camino y termina convirtiéndose no un texto de consulta o de referencia, sino en un foro en el que cada uno aporta su punto de vista, muchas veces sin citas, fuentes o pruebas.

Tal vez una de las grandes ventajas que proporcionan las bibliotecas digitales es el ahorro en espacio y material que implican. No sólo proporcionan beneficios a quien necesita la información, sino que en materia ambiental reducen los niveles de tala de árboles, despilfarro de papel y procesamiento industrial de los materiales para la manufactura editorial.

¿Y LA INDUSTRIA EDITORIAL?

Muchos ven en la Internet y los libros digitales el ocaso de una industria que es bastante competitiva y difícil de manejar como lo es la editorial. Para muchos, la amenaza digital es un monstruo que hay que combatir, mientras que para otros es la evolución natural del negocio, que hay que diversificar y llevar a la par de la tecnología.

Muchos le apuestan a la especialización en diversos campos como la literatura, como es el caso del Grupo Planeta, que le apuesta a la literatura mundial con la ampliación de sus oficinas en las capitales mundiales del libro, para captar mejores mercados y mantener fidelidad ante el libro. Pero no se trata sólo de dedicarse a lo editorial, sino apostarle a ello como parte de los medios de comunicación, haciendo un conjunto mediático sólido que cubra prensa, televisión y radio (Planeta es uno de los principales accionistas de Antena 3 TV y la cadena radial Onda Cero).

Escapar a la revolución tecnológica es prácticamente imposible en países como el nuestro, tanto para la industria editorial como para el ciudadano común. Y aunque muchas tecnologías tarden en llegar, nos tocan de manera impresionante. La cuestión no es usar o no usar uno u otro formato; ambos proporcionan ventajas y desventajas propias de su medio, cuyo aprovechamiento va en nuestra manera de procesar el conocimiento y, sobre todo, sin importar cómo lo hagamos. Leer jamás dejará de ser un placer o una práctica inútil.

La lectura, ya sea de una hoja o una pantalla, seguirá siendo el modo más sencillo, inteligible y directo de acceso a nuevas ideas, teorías y mundos. Las visiones apocalípticas sobre el futuro del libro deben quedarse en los libros de ficción, donde las podremos leer hasta que el fuego, la humedad, los animales, el tiempo y su propio contenido lo permitan.

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