Publicación Marzo 2008/Ciencia/ El verdadero fin del mundo.
Por:
Germán Puerta Restrepo.
gpuerta@astropuerta.com.co
Como sucede de tanto en tanto, estamos en temporada de profecías, cuando iluminados de todo tipo pronostican, ahora sí, la llegada del fin de los tiempos para este minúsculo planeta errante en un rincón de la galaxia. En realidad, la respuesta más precisa al interrogante de cuándo sucederá este catastrófico y al parecer inevitable evento, la tiene la astronomía.
La clave de la vida en el planeta Tierra y eventualmente de la existencia misma del planeta, la tiene nuestra estrella madre, el Sol. Como muchas otras estrellas, el Sol es como un horno nuclear que transforma el hidrógeno en helio y libera al espacio energía y luz; cada segundo, 600 millones de toneladas de hidrógeno son convertidas en helio, lo que equivale a la liberación de más de 4 millones de toneladas de materia transformada en energía pura. Mientras el hidrógeno se fusiona en helio, la masa del Sol permanece casi igual, pero el número de partículas en su núcleo disminuye. Así, el núcleo se contrae y se vuelve más caliente, lo cual incrementa las reacciones nucleares y hace que el Sol brille más. También hace que las capas exteriores de la estrella comiencen a expandirse lentamente. En otras palabras, en la medida que el Sol gasta su combustible, se vuelve más brillante y comienza a crecer.
Durante los últimos 3 mil millones de años el Sol ha envejecido y se ha vuelto más caliente. La Tierra compensa el calor extra regulando la cantidad de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera. Un incremento de CO2 ayuda a calentar el planeta, mientras que una reducción lo enfría. Esto ha sucedido desde tiempos prehistóricos con mecanismos naturales, por lo cual la Tierra ha mantenido una relativamente constante y confortable temperatura ambiente para sostener el agua en estado líquido, a pesar de los cambios radicales del Sol, la composición de la Tierra y otros grandes eventos.
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